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Canto a lo poeta: Raíces de la música campesina chilena

Dividida en dos grandes vertientes, el Canto a lo Divino y el Canto a lo Humano, esta manifestación artística se ha convertido en un reflejo de la tradición rural del país.

Desde el corazón de la tradición rural chilena emerge una manifestación musical que data desde la época de la colonia, y que tras siglos sigue vigente hasta nuestros días: el canto a lo poeta, que se divide en dos grandes vertientes: el canto a lo divino y el canto a lo humano. Una tradición campesina que tuvo su origen en la España del siglo XVI y se popularizó en América, y que en el país andino se mantiene viva gracias al boca a boca de las cantoras y cantores, quienes han transmitido esta tradición de generación en generación.

Musicalmente, el canto a lo humano y al canto a lo divino son muy similares: su esencia está en la interpretación de versos en décima junto a una guitarra que se denomina traspuesta, ya que su afinación no es universal. Sin embargo, las temáticas de ambos tipos de canto son muy diferentes: el primero aborda motivos ligados al quehacer humano, mientras que el segundo ahonda en temas de la religión cristiana, basándose en versículos de la biblia católica.

Luis Ortúzar, de 72 años y apodado El Chincolito de Rauco -zona del sur de Chile-, es uno de los exponentes destacados del Canto a lo Divino. Con más de 60 años cultivando esta tradición musical, hace énfasis en el carácter religioso de este canto, el que define como: “La riqueza cultural religiosa de más valor que pudo haber llegado a Chile”.

“El Canto a lo Divino para mí ha sido el espejo que me ha iluminado la doctrina cristiana, ha sido una guía espiritual, para guiar y fortalecer cada día más mi Fe. El cantar a lo divino no es ser artista ni nada por el estilo, es una expresión de Fe”, comenta El Chincolito de Rauco.

Según relata, el Canto a lo Divino comenzó a expandirse en el país “a mediados del siglo XVI”, como forma de evangelización de los sacerdotes jesuitas que llegaron al continente en ese entonces, quienes viajaron “desde el Aconcagua por el norte hasta el Río Maule por el sur, en un trayecto que realizaban en más de un año en esos tiempos”.

Ortúzar, reconocido por su influencia como cantor y payador, cuenta que este tipo de música, “cuando yo empecé, hace 60 años atrás, se cantaba en novenas de casas de campo, y en los velatorios de angelitos, que se hacían en los campos”, esto último en referencia a la ceremonias fúnebres de niños que mueren antes de los 7 años.

 

El Canto a lo Humano, por su parte, se desmarca de esta tradición eminentemente religiosa, y aborda diferentes aspectos humanos, desde hechos cotidianos, pasando por el amor o hasta la astronomía. Mauricia Saavedra (54), influenciada por su abuela Rosa, desde los 12 años es una cultora de esta vertiente del canto a lo poeta, en el que, según cuenta, históricamente ha habido una mayor presencia femenina.

“En el Canto a lo Humano son las mujeres las que desarrollamos este arte y nos desenvolvemos con mayor facilidad en ese ámbito, es la mujer la que tiene el rol más importante”, explica. “En el Canto a lo Divino son más los hombres, en el Canto a lo Humano los hombres tenían un rol alejado años atrás, (aunque) últimamente se ha ido emparejando la cancha en las dos áreas. Conozco Cantoras a lo Divino muy valiosas y con mucha presencia”, agrega.

Saavedra afirma que esta tradición «es muy importante en el sentido de que mantiene una relación entre el quehacer de la vida campesina con su música», aunque admite que no cuenta con la difusión necesaria en los medios de comunicación.

«Estamos trabajando fuertemente como cultores en que esto se mantenga y se reproduzca y aumente su desarrollo en la comunidades rurales», comenta. «Tratamos que nuestro canto campesino a lo humano sea reconocido como un elemento del patrimonio cultural inmaterial dentro de las políticas de cultura».

 

 

Preservar y reinventarse 

Ambos cantores coinciden en la importancia de preservar esta manifestación musical, que se ha convertido en un reflejo del quehacer y la cultura rural chilena.

“El Canto a lo Divino, para mantenerlo, hay que entregarlo como lo recibimos nosotros en esos años: con respeto, con seriedad en lo que se va a hacer. Aprender su significado, a los nuevos cantores no sólo tenemos que enseñarles, sino que formarlos. Esa es la guía fundamental para mantener el Canto a lo Divino en Chile, para que siga siendo después de los 500 años que lleva acá”, dice Ortúzar.

“Queremos que la difusión sea cada vez mayor y trabajamos para eso, y que la cantora y el cantor campesino tengan un espacio para desarrollar más actividades fomentadas y producidas por los ministerios”, cuenta por su parte Saavedra, quien además detalla que la crisis sanitaria del Covid-19 también ha afectado a la actividad. 

“En lo económico ha afectado porque muchos de los cantores que viven prácticamente de esto les ha costado, no podemos tocar en nuestros encuentros. Sin embargo nos estamos reinventando, estamos haciendo cosas desde las redes sociales, cada uno de sus páginas, haciendo programas en vivo, conciertos a través de Facebook y así cada uno está buscando la forma de reinventarse”, explica.

Conoce aquí el trabajo de Luis Ortúzar y acá el trabajo de Mauricia Saavedra.

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