Blog

Cuando era niño, el productor mexicano Bruno Rex tenía problemas con el director de la orquesta en la que tocaba, porque sentía que había cosas que se podían “mejorar” y por tanto tocaba otras notas. “Siempre tuve el instinto de crear y dirigir”, dice. Ese fue el inicio de su nutrida carrera como productor y compositor de numerosos artistas, de distintos estilos y latitudes.  Durante los últimos meses ha lanzado un puñado de sencillos, entre ellos el tema “Sin Ella”, para el mariachi Vargas de Tecalitlán, el que debutó como hot song en el ranking Monitor Latino y que firmó junto a su compatriota Mónica Vélez. El más reciente fue “Find My Way” de la cantautora noruega Maria Wilhelmine.

Durante sus primeros pasos en el mundo de la música ofició como instrumentalista, DJ y director musical, hasta que descubrió que su pasión era la composición. “Hasta la fecha no hay nada más reconfortante que terminar una buena canción”, afirma. Al principio, eso sí, admite que tuvo problemas para encauzar y materializar sus inquietudes en piezas musicales: ahí fue cuando decidió entrar al taller de composición de la Sociedad de Autores y Compositores de México.

“Los compositores no somos (necesariamente) músicos, y nuestra tribu es diferente. Estar rodeado de tanto talento ayudó a mejorar al escribir y a experimentar con la presentación de las canciones, tanto en interpretación y arreglo como en sonido”, dice.

“Fue gracias al consejo de Mónica Vélez que me motivó a volverme productor, e intentarlo ha sido una de las decisiones más importantes en mi vida. Me encanta. Me ha llevado a entender las canciones y a mis colegas desde otra perspectiva. Desde entonces ha sido la persona que más ha influenciado en mi desarrollo tanto personal como profesional”, agrega.

De esta forma, el trabajo colaborativo, descubrir personalidades de diferentes partes del mundo y crear vínculos, se ha tornado la constante para Bruno, radicado actualmente en Ámsterdam, Países Bajos. Una ocupación que tiene aspectos favorables y otros no tanto: “El pro más grande es llegar a lugares que jamás llegaríamos por nuestra cuenta, tanto decisiones musicales como una valentía adicional al escribir letras; tal vez el contra puede estar entre volverse dependiente de las sesiones, y de vez en cuando aquellas en donde no hay nada en común”, cuenta. 

Al igual que buena parte de quienes viven de la música, Bruno vio como muchos de sus proyectos quedaron congelados con el comienzo de la pandemia en 2020. Eso sí, se adaptó a las nuevas formas de comunicación digital y participó de campamentos virtuales de composición, y retomó el vínculo con personas en México y América Latina. “Fue una gran temporada de desveladas en internet, como cuando era adolescente”. 

¿Puedes contarnos de tu paso por el Abbey Road Institute? ¿Cuáles fueron las principales enseñanzas, en qué consistió tu formación en el instituto?
-Definitivamente una experiencia increíble. Es un programa avanzado de producción que incluye todos los fundamentos de grabación desde el audio análogo, síntesis, sampleo y software, así como herramientas creativas de arreglo, diseño sonoro y mezcla. En general, una base muy sólida también basada en experimentación. 

Más allá del conocimiento técnico, conocer a profesionales de la industria y aprender desde distintos ángulos fue fundamental para validar mi visión y no tener dudas de lo que estaba haciendo. Me gradué con Cum Laude como primer lugar de mi generación.

 

¿Cuál es para ti la importancia del derecho de autor y el cuidado de la propiedad intelectual? ¿Cómo proteges tus creaciones?
-Creo que conocer y defender el derecho de autor es importantísimo, y que tiene un área de oportunidad muy grande, sobre todo en cuanto homologación y validez de los registros. En Países Bajos, con solo crear la obra, se protege bajo “buena voluntad”. Sin embargo, considero que tener un documento siempre es mejor. 

Acá utilizo BOIP, la oficina de propiedad intelectual de Benelux, en la cual puedo registrar canciones, masters, arreglos y meta data de las obras con sus respectivos coautores. De esa manera protejo mis ideas y a mi equipo de trabajo. 

Me gustaría ver un sistema global respaldado por las sociedades autorales en donde se pudiera registrar por obra a un precio accesible, en lugar de por colección de obras por una cuota fija. Creo que fomentaría la creatividad y la inmediatez. 

Respecto a la protección de las obras musicales, ¿qué diferencias has encontrado entre México y Países Bajos? 
-Como parte de la protección del trabajo y la creación, creo que una gran diferencia es el papel del productor en la composición y el manejo de porcentajes como colaborador de una obra, y la inminente existencia de ciertos elementos melódicos fundamentales en una canción.  

Sé que es un tema sensible, y que mal manejado ocasiona que productores pidan créditos por algo que no hicieron, pero, por otra parte, en algunos casos también el papel del “composer” es menospreciado o considerado bajo encargo sin derecho a regalías. 

¿En qué proyectos a corto y mediano plazo te encuentras actualmente? 
-Ahora me encuentro escribiendo y produciendo para un par de proyectos directamente con los artistas, además del trabajo habitual de presentar propuestas para colocar canciones por medio de editoras y disqueras. 

Desde el año pasado tengo mi proyecto de artista basado en colaboraciones con colegas, que hasta ahora incluye cinco cortes con grandes autoras e intérpretes de Suecia, Polonia y Reino Unido, y para este año tenemos programados al menos una decena de lanzamientos. 

A mediano plazo busco consolidarme como productor, crecer mi catálogo de canciones, producciones y masters, y formar un equipo de trabajo incluyente, principalmente con productoras, que representan el número más bajo en la industria con solo 2% de los créditos. Considero muy importante apoyar activamente a que más mujeres tengan visibilidad, apoyo y oportunidades dentro de la industria. 

Menú